sábado, 7 de octubre de 2017

El monstruo de los colores - Disfraz fácil hecho a mano

Qué ganas de compartir esta manualidad, se trata de un disfraz que le hice a LittleDani un día (allá por carnaval) en el que nos dijeron en que tenían que ir de personajes de cuento.

Aunque ya han pasado muchos meses desde que lo hice me ha parecido un buen momento de cara a Halloween, un día en el que en muchos colegios y escuelas infantiles piden que los niños vayan disfrazados. También me hace ilusión que sea la segunda entrega de esta sección que me inventé allá por febrero a la que me gusta llamar Un libro, una manualidad.

disfraz casero del monstruo de los colores
Al contrario que su hermana LittleD pasa totalmente de accesorios, nada de cosas en la cabeza, ni elementos que le tengan las manos ocupadas ¡y mucho menos disfraces que le impidan saltar y moverse a su aire! (en esto último estoy de acuerdo con él, le tengo muchísima manía a los disfraces incómodos que restan movilidad).

Total, que con estas premisas se me encendió la bombilla. Me atraía la idea de que fuese disfrazado de un personaje de cuento muy reconocible para él (los disfraces de cuentos clásicos están fenomenal pero sabía que a él le molaría más ir del monstruo de los colores) de hecho le di a elegir cual de las emociones prefería y él dijo que se pedía el enfadado, claro... interpretarlo no implicaba ninguna dificultad para él por aquel entonces.

¡Ahora que caigo! he dado por hecho que, si has caído por este blog, conoces de sobra el cuento El monstruo de los colores pero no tienes porqué. Es un libro muy popular escrito e ilustrado por Anna Llenas.
Yo no tengo ninguna maña para coser así que, como veis en la foto, tiré de una camiseta roja, rotus, pegamento textil (no sale en la foto) y fieltro blanco y rojo... bueno, cosí un par de botones, pero eso no tiene ningún misterio.

manualidad el monstruo de los colores

La verdad es que no hay mucho que contar, esa es la buena noticia... que podéis tener el disfraz en una tarde tranquilamente.

Lo primero que hice fue dibujar la gruñona boca de lado a lado y unas cejas peludas en la parte superior. Después, sirviéndome de una tapa, dibujé dos círculos en el fieltro blanco, los recorté  y pegué sobre la camiseta. A continuación cosí un par de botones a modo de pupilas que también aportaban más sujeción al fieltro. 


Para rematar el look recorté tres triángulos a ojo a modo de colmillos y los pegué sobre la franja de la boca con el pegamento textil.

Cuando le probé la camiseta a LittleD me pareció que faltaba algo, en seguida me di cuenta de que eran la cresta y las orejas puntiagudas del monstruo. Así que, también a ojo, dibujé unos picos en el fieltro rojo, repasé la parte superior con el rotu negro (para acentuar esa forma y que no se perdiese en el rojo de la camiseta) y, una vez más lo pegué con el adhesivo textil.

¡Disfraz terminado y niño feliz!. Los complementé con unos pantalones rojos de chandal... los gruñidos de enfado ya los ponía Dani.

¿Qué os ha parecido? Si a vuestros hijos le gustan otras emociones sólo tenéis que cambiar el color de la camiseta y la expresión del monstruo. ¡Espero haberos ayudado!

Esto es todo por hoy. See you later alligator!

martes, 7 de marzo de 2017

Cuando yo era pequeña...

Allá por el mes de enero leí por primera vez un post llamado Cuando yo era pequeña... y el formato me encantó, fue en el blog de Dina. A ella se unió Star en Rojo y más adelante Remorada y Begobolas

Me gustó cada una de las versiones, me dieron qué pensar y me trajeron muy buenos recuerdos ¿os apetece leer cómo he contestado a las 25 preguntas?. Allá vamos...

1. ¿Tienen tus padres algún libro de recuerdos de cuando eras pequeña?
Mi madre guardó en una cajita mis primeros zapatos (son los que veis en la foto), cinco años después añadió los de mi hermano. Y mi padre fue recopilando en una carpeta mis dibujos y cositas que iba escribiendo y le hacían gracia.



2. ¿Sabes si te llamaron así por alguna otra persona?
Pues no, soy la única Elena de la familia. Pero mi nombre tiene relación con la siguiente pregunta…

3. ¿Conoces que otros nombres barajaban tus padres?
Mis padres no sabían si sería niña o niño hasta que nos vimos las caras pero habían decidido que, si era niña, me llamarían Andrea. El caso es que, según han contado de siempre, me vieron muy delicadita, rosadita y pelona y no les pegó Andrea, Elena les encajó más.



4. ¿Tu primer recuerdo?
Mis primeros recuerdos están relacionados con una casa que compraron mis padres en un pueblo muy muy  pequeño de Segovia. Recuerdo el olor a leña, los rebaños de ovejas pasando por delante de la puerta, el olor a vino de una pequeña tasca en la que siempre me daban un chupa-chups… y de mi colección de coches. Tendría unos 3-4 años por entonces.

¡Me he puesto nostálgica viendo fotos del pueblín en google maps!

5. ¿Tus padres te leían o contaban historias? ¿Recuerdas cuáles? 
Leyendo o contando historias no, pero cantando sí. Mi padre nos ponía a Los Burros (Manolo García antes del Último de la Fila), Radio Futura, Sabina…

6. ¿Cuando eras pequeña te acuerdas de lo que querías ser de mayor?
Lo tenía clarísimo, diseñadora de moda o gráfica (como papá). Me encantaba dibujar vestidos y zapatos… coger el letraset de mi padre y crear mis logos.

7. ¿Tenías algún profesor favorito?
Una profe que tuve en 2º de EGB, creo que se llamaba Pilar, era muy moderna: corte de pelo rollo Ana Torroja, un pendiente largo y otro pequeño, ese tipo de cosas que nos parecían rompedoras por entonces y que contrastaban con el resto de profesoras señoronas con pendientes de perlas y pelo cardado. 

Más allá del físico era una persona muy alegre, se inventaba actividades alternativas que rompían la rutina y hacía los días más especiales. Recuerdo que tenía muy buena relación con mi madre.

8. ¿Cómo solías ir vestida al colegio?
Siempre he llevado uniforme. De hecho en mi primer cole las niñas llevaban uniforme y los chicos no ¡toma leña!. Y en los dos coles que estuve el uniforme era el mismo. Falda gris, polo blanco y chaqueta azul marino. 

9. ¿A qué solías jugar?
Al pilla pilla en la calle peatonal frente al cole, me encantaba correr pese a que en seguida me ponía como un tomate y me faltaba el aire (30 años más tarde me enteré de que era asmática).

10. ¿Tenías alguna casita de juguete?
Tuve dos casitas de Chabel. Pero la que me ha puesto más nostálgica buscando información en internet ha sido la Villa. He visto las fotos y ha sido como un viaje al pasado muy emocionante. Recuerdo perfectamente esa sensación de verla una mañana de Reyes e ir descubriendo cada detallitos: las lámparas, los cojines, la tele (ahora parece un microondas pero era una tv muy fardona).


11. ¿Algún recuerdo de tu familia en vacaciones?
El año que viajamos a Tenerife. A mi hermano y a mi se nos pegó la canción de un anuncio de Salvaslips de Ausonia (aún hoy recordamos la letra de principio a fin) y no parábamos de cantarla. Recuerdo como reaccionaban mis padres, al principio les hacía gracia pero acabaron hasta el moño y abochornados según dónde nos diese por cantarlo.

12. ¿Y alguno de tus primeros cumpleaños o Navidades?
En EGB mis padres montaban buenos tinglados en casa. Invitaban a toda la clase, había medias noches, mezclábamos coca-cola con fanta… los clásicos de finales de los 80 supongo.

Mi madre hacía una tarta de zanahoria y chocolate negro para llorar de emoción, yo siempre se la pedía para mi cumple (debía de ser laboriosa porque, aunque la acababa haciendo, su cara era de ¡para qué habré preguntado!).

13. ¿Heridas memorables?
Memorable no, pero recuerdo que una vez que se me clavó un pequeño cristal en un pie por andar descalza. Mi padre me lo quitó con unas pinzas y después me dio un beso en la planta del pie. Yo pensé: Sí que me debe querer para darme un beso en el pie.

14. ¿Primera mascota?
Bisbi, un gato rubio y travieso que adoptó mi madre.

15. ¿Tus abuelos te solían contar historias de juventud?
Mi abuela Lola nos ha contado historias muy graciosas pero resaltaría aquellas de cuando venía familia del pueblo a vivir a su casa durante un periodo hasta que encontraban trabajo y casa en Madrid. Son historias de contraste entre la España profunda y la capital muy entrañables.

16. ¿Tu entretenimiento favorito de pequeña? 
Dibujar, dibujar y dibujar

17. ¿Recuerdas la llegada de algún nuevo invento a tu casa? 
El mando a distancia ¡todo un lujo!

18. ¿Tenías TV? ¿Blanco y negro o color? ¿Cuántos canales? 
Teníamos tele en color pero tardamos en tener tele5 y antena tres. Recuerdo a mis amigos hablando de Oliver y Benji y a las madres contarle preguntarle a la mía si aún no había visto “Su media naranja”, mítico programa de Jesús Puente.

19. ¿Te mudaste alguna vez de pequeña? ¿Recuerdas cómo fue?
La primera vez que me mudé tenía 16 años así que no cuenta.

20. ¿Recuerdas algún desastre natural en el que se viera involucrada tu familia?
Afortunadamente ninguno.

21. ¿Algún recuerdo musical? ¿Qué canciones se oían en tu casa?
Por lo que veo me he adelantado en la pregunta 5. Aportaré algo más… mis canciones favoritas eran: Veneno en la piel de Radio Futura, Huesos de Los Burros y Pacto de caballeros de Sabina.

22. ¿Algo que te enseñase un miembro mayor de tu familia? 
Un día mi abuela intentó enseñarme a hacer vainica pero me vine abajo en seguida, no se me daba bien.

23. ¿Marcas de tu infancia? 
Los chicles Boomer, los yogures Yoplait y el Macintosh del estudio de mi padre, eso fue amor a primera vista.
24. ¿Coleccionabas algo? 
Cromos. También pasé por la época de intercambiar cartas y sobres con olor.

25. ¿Tu recuerdo de infancia favorito? 
Las mañanas de Reyes, mi hermano y yo siempre dormíamos juntos esa noche ¡Qué nervios!.
También recuerdo escuchar música en el coche imaginando bailes e historias.

¡Chin pum, enhorabuena, te has leído el post completo! Ahora qué ¿te animas a contestar las preguntas?. Yo te lo recomiendo, tiene un punto nostálgico muy chulo.

See you later alligator!

martes, 14 de febrero de 2017

Palabras de sirena

Desde hace unos meses ronda en mi cabeza la idea de hacer manualidades partiendo de los libros que más nos gustan en casa. Aprovechando esta racha de fines de semana lluviosos pensé que era una buena oportunidad para ver qué tal salía el experimento.

Para no imponer mis gustos le dije a Ana que eligiese ella un libro que le gustase mucho y que haríamos alguna actividad con él. Me encantó ver que se decidía por Palabras de sirena, un libro escrito por Mia Cassany Biosca e ilustrado por Esther Gili.

Ana y yo admiramos muchísimo a Esther, desde que tenemos láminas suyas en casa (Pájaros en la cabeza entre ellas ¡yeah!) mi hija cree que todas las ilustraciones que publica en Instagram pueden ser nuestras, como si ya no tuviese yo suficiente necesidad de tenerlas todas.

El caso es que volvimos a leer el libro y se nos ocurrió imitar los peces que aparecen en las guardas con nuestras acuarelas.


La idea, como siempre, es muy sencilla pero el resultado ¡es muy colorido y decorativo!

Aquí tenéis los materiales que utilizamos: lápiz y un papel que soporte bien el agua, acuarelas, pinceles y tijeras. Nosotras también aprovechamos el líquido enmascarador que ya utilizamos en una manualidad anterior y un plastidecor negro que le dio el toque final a nuestros pececillos.

Lo primero que hicimos fue dibujar los peces, Ana me iba indicando cuales debía dibujar... alargados, gorditos, etc... ella les fue poniendo los ojitos.

Os puede sonar muy idílico y dulce pero Ana es una capataz muy exigente y me hizo borrar y corregir más de una silueta. 


El líquido enmascarador sólo lo utilizamos en unos pocos dibujos, de esta parte no tenemos fotos porque Dani se apuntó a la actividad y no tenía manos para controlarlo todo.

De todas maneras, en la siguiente foto se ve muy bien donde lo pusimos porque la acuarela no penetra sobre la pincelada del líquido y ésta se ve más clarita.


Dani empezó a trabajar con témpera prácticamente en seco y sin mezclar, estaba muy concentrado y no paraba de pedir nuevos peces para colorear ¡oto pé mamá, oto pé!


Luego observó a su hermana y se dio cuenta que el mundo acuarela era mucho más emocionante, eso de mojar el pincel en agua y mezclar colores era lo más. Llegados a este punto puse el libro a buen recaudo, corría peligro y los chicos estaban más que inspirados.


Utilizamos más técnicas esa tarde. Por ejemplo, la de "salpicar con el pincel bien cargadito de agua", para lo cual aconsejo ropa manchable porque la salpicadura nunca toma la dirección que esperas.

Nos pusimos perdidos pero hay que reconocer que el resultado es bien molón.


Otro sistema fue el de la témpera con purpurina incluida. No sé si habéis visto alguna vez esos botes de pintura pero son tan tornasolados, tan purpurinosos... yo no me pude resistir y me compré uno estas navidades. Tengo como medio litro de ese azul con brillos verdosos pero le sacaremos partido.


Ya sólo quedaba esperar a que secasen las obras de arte, retirar la máscara y recortar.

Aquí es donde nos vino un poco de bajón. Los peces recortados perdían mucho encanto, no tenían vida. Simplemente eran formas de colores sin más.


Entonces se me ocurrió coger una de las ceras del estuche de Ana y repasar los contornos en color negro ¡en seguida cambió la cosa!, entonces me vine arriba y fui dibujando trazos aquí y allá para que las aletas tuviesen más gracia. A los chicos les encantó.


¡Mirad qué banco de peces más bonitos nos quedó!. Tan solo tuvimos que disponer los peces sobre una cartulina azul oscuro. Tiene un punto tropical chulísimo.

Si os fijáis, al final del libro, Vilma (la protagonista del libro) tiene un móvil de peces decorando su habitación. Nos hemos planteado hacerlo, si finalmente lo llevamos a cabo actualizaré este pots para que lo veáis.


De momento este pez tan grande me lo quedo de marcapáginas. Me gusta especialmente porque fue el último que hicimos y nos volvimos locas metiendo color. De todo ese descontrol quedó este espécimen tan particular.


Antes de despedirnos por hoy os dejo con un dibujo de Ana ¿qué creíais, que no dibujaría una sirena?. Ésta en concreto la dibujó en cuanto leyó por primera vez Palabras de sirena (aunque la versión de Ana tiene una clara influencia de la Sirenita de Disney, ese tenedor-peine en la mano la delata).

Fue bonito ver como rescató ese dibujo y puso a nadar alrededor a los nuevos peces.


Espero que os haya gustado el post. Me ilusiona que, esta idea de basar una manualidad en un libro que nos gusta, se convierta en una nueva sección del blog.

¿Se os ha venido algún buen libro a la cabeza? ¿Conocíais Palabras de Sirena?

Soy toda oídos, mientras tanto...
See you later alligator!

domingo, 29 de enero de 2017

Muñecos de nieve, una manualidad invernal.

Estamos en invierno y ¡oh sorpresa! hace frío e incluso nieva. Aún no entiendo como nos volvemos tan locos con estos fenómenos ¡estamos en enero!, no se habla de otra cosa.

El caso es que por nuestro barrio no nieva y aún no hemos podido subir a la montaña pero, cuando el otro día vino LittleD de su escuela con un muñeco de nieve hecho de discos desmaquillantes y bastoncillos para los oídos, a mi hija y a mi se nos hicieron los ojos chiribitas ¡nos encantó la idea!.


La primera tarde que tuvimos algo de margen nos pusimos manos a la obra, aunque los bastoncillos y los discos ya los había reservado Ana desde el día que vimos la idea.

A mi me encanta ese remate que tienen los discos (como un cosido), le da un toque muy gracioso.


La gracia del asunto es que, con una cartulina donde pegar un par de discos de celulosa y un bastoncillo partido por la mitad ya tienes una estupenda base. Luego ya lo puedes personalizar como quieras.


En nuestro caso sacamos el arsenal: purpurina para la nieve, cuentas de collar para ojos y botones, lana para la boca y bufanda, fieltro para gorros, naríz y otros complementos.


Dani, como veterano en la materia, pasó de la manualidad y se dedicó a hacer trenes de bastoncillos.

Esta vez pude hacer fotos del proceso ¡bien! así que ahí tenéis a mi chica. Poniendo cola en los discos y pegando unos sobre otro. Luego, con cuidado, cortó el bastoncillo por la mitad.


Una vez pegados los brazos de bastoncillo llegó la hora de decorar. Ana fue cogiendo cuentas a su gusto para los ojos y los botones. Primero los colocó sin pegamento hasta quedar contenta con la composición, una vez decidido el diseño fue mojando las cuentas en el pegamento y colocándolas de nuevo.


Como veis, la nariz es sólo un triángulo de fieltro naranja que hace las veces de zanahoria. Y la boca es un cabo muy cortito de lana negra.

Las dos íbamos aportando ideas sobre la marcha para que el muñeco quedase más completo.

Una de las bufandas la hicimos de fieltro, las otras trenzando lana. Ana no sabe hacerlas pero yo la iba dirigiendo: el cabo de la derecha al centro, el cabo de la izquierda al centro... ella se emocionó mucho cuando empezó a ver que la trenza iba tomando forma.


LittleAna quería recortar el fieltro pero se frustró bastante así que acabé por encargarme yo de ese asunto, eso sí, siguiendo sus instrucciones al pie de la letra. Por lo demás todo ella, cada una iba haciendo su muñeco.

Cuando terminamos de vestirlos nos vinimos arriba. Faltaba la nieve del suelo ¡así que extendimos un buen chorrete de pegamento en la cartulina y fuimos pegando algodón que íbamos pellizando para que quedase más mullido.


A la izquierda tenéis a Ana pegando algodón y a la derecha cómo quedaron mis dedos.
La foto me la hizo Ana que ya se había lavado las manos.

Por último, un toque de glamour, hicimos copos de purpurina. Yo fui dispersando gotitas de cola blanca por la cartulina y Ana esparció la purpurina por encima. Esperamos un poco para que se secasen y volcamos la cartulina para que cayese el sobrante.

El salón se puso perdido pero ¿y lo bien que nos quedó?.



¿Qué os parece? A mi me encantan y, si hubiese visto esta idea antes habrían sido unas estupendas tarjetas para felicitar las Navidades.

Nosotras pasamos muy buena tarde, espero que lo pongáis en práctica y os lo paséis igual de bien.
See you later alligator!

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Calendario de adviento o el regreso de los rollos de papel higiénico


¡Mañana estrenamos nuevo calendario de adviento! Este año nos hemos complicado un poquito más la existencia (Ana se ha implicado muchísimo, es una curranta campeona) pero el resultado ha merecido la pena.

Una vez más la idea la saqué de Pinterest y en cuanto se lo enseñé a mi colega de faena se emocionó tanto como yo ¡cómo mola mi chica!. Quería empezar en ese mismo momento y eso hicimos.

Día 1

Llevábamos un montón de tiempo recopilando rollos de papel higiénico sin una idea concreta ¡y ¿sabéis qué?! pues que teníamos exactamente 22 + 2 de papel de cocina (y estos últimos, cortados por la mitad, dan como dos de higiénico) ¡yuhu! ya teníamos los 24 rollos que necesitábamos.

Por cierto, este momento frikis-del-rollo es doblemente placentero... uno: teníamos todos los que necesitábamos y dos: ¡ya no tenemos un montón de rollos metidos en el armario!.


Dispusimos todo el material formando un círculo sobre una caja de cartón para tomar la medida de la corona navideña. Costaba mucho recortarla así que me encargué mientras mis hijos me animaban, qué majetes.

Día 2

Sacamos los pinceles, pintura acrílica verde bosque y en un periquete lo teníamos coloreado.



Día 3

Compré papel crespón que recorté en rectángulos con el tamaño suficiente como para envolver un rollo con sobrante en los extremos para hacer las veces de caramelo.

En cuanto Ana vio en qué consistía la cosa se puso a envolver mano a mano conmigo así que lo terminamos en un momento.



Llegó el momento de rellenar los rollos... antes de cerrarlos por completo metimos una servilleta de papel arrugada y un par de chuches para cada día (una para Ana y otra para Dani).



Para que no se escapen las chucherías (y evitar discretas tentaciones) hicimos un lacito a cada lado con cordón.



Ahí tenéis la mano de Dani birlando gominolas del set de fotografía (que, por cierto, en este caso es el suelo de nuestra cocina con una cartulina blanca).

 

Es una manualidad muy trabajosa porque todo se multiplica por veinticuatro, esa es la pila que nos quedaba por anudar (¡cada extremo!).

 

Estoy especialmente orgullosa de mi chica porque, con la mejor intención, quise ahorrarle alguno de los pasos para que no se aburriese: envolver todos esos rollos, meter las chuches, anudar los lacitos... pues ella estaba encantada de hacerlo todo, incluso se enfadaba si yo sugería ir adelantando trabajo.


Día 4

Ya faltaba menos... esta tarde, en cuanto Ana ha llegado del cole le he dado estas pegatinas (muy apropiadas para la ocasión) y ha ido poniendo los números del 1 al 24 con rotuladores permanentes de colores.



Después hemos colocados los rollos alternando los colores: morado, rosa, menta y amarillo para colocar las pegatinas en orden y que la corona quede equilibrada.




¡Ahí lo podéis ver, es muchísimo trabajo! Ha sido difícil contener a Dani... todos esos caramelitos falsos rellenos de chuches de verdad dispuestos por el suelo eran demasiado jugosos para no lanzarse en plancha.

Y aquí mi momento, este paso he preferido hacerlo yo sola (he acabado agotada de frenar a Dani para que no se lo comiese todo). Pegar los rollos en orden con silicona ha sido genial ¡se quedaban adheridos al instante!.



Por favor, valorad como se merece a esta foto insulsa... la he tenido que hacer con la mano izquierda mientras sujetaba la pistola con la derecha y procuraba que el encuadre quedase decente.

¡Y fin! Nosotras estamos muy satisfechas con nuestro su calendario de adviento. Ha sido una labor de auténtico trabajo en equipo y con un resultado muy vistoso ¿qué os parece?.



Supongo que os cuento todo esto con poco margen para llevarlo a cabo ¡pero tomad nota para el próximo año o para otro tipo de "cuenta atrás", al fin y al cabo eso es un calendario de adviento!.

De todas maneras, si os apetece hacer un calendario express aquí tenéis el que hicimos el año pasado ¡mucho más fácil e igual de decorativo!.

See you later alligator!

lunes, 31 de octubre de 2016

Calabazas de halloween - DiY estampar con patatas



Parece mentira pero ¡este es nuestro tercer Halloween pasándolo pipa! y sí, traemos manualidad. Desde verano no pasaba por aquí, así que las telarañas del blog no las quito, que quedan muy apañadas para estas fechas.

Como casi todo lo que hacemos aquí, esta actividad ha sido fruto de la improvisación. Aprovechando que Ana tenía extraescolar y que LittleD y yo teníamos un par de horas para nosotros, practicamos un poco de estampación con patata.

Ya veis que se necesita poca cosa: una patata, un cuchillo, pincel (opcional), temperas,  una bandeja para mezclar colores y papel.


Mientras Dani merendaba preparé la patata. La corté por la mitad, de tal forma que obtuve dos óvalos: uno para la forma de la calabaza y otro para "tallar" la forma de la boca y un triángulo para los ojos.


Como la patata está húmeda la dejé un rato en papel de cocina, para que no aguase la tempera. Mientras tanto puse los colores de tempera en la bandeja para que Dani los mezclase.

Y bueno... tengo que decir que estoy acostumbrada a trabajar con Ana y no recordaba lo que era hacer este tipo de cosas con un niño de dos años y medio. Mi chico se emocionó, se lió a estampar a su aire, pintaba la patata y aporreaba el papel a la voz de ¡otoooño, otoooño!. Fue muy divertido.


Aquí le tenéis, orgulloso... observando su obra del ¡otoooño, otoooño! y, si, en la mano tiene la marca de los piños de algún caminante de la escuela.


Después de dejarle un rato a su aire conseguí domar a la fiera y logramos estampar juntos unas cuantas calabazas (vamos que le sujeté la mano y le decía ¡aprieta fuerte!).

Para completarlas le pasé unas ceras de color verde con la intención de que dibujase los rabitos y, bueno, así fue como quedó ¡a mi me encantan!


Así acabaron nuestras manos. Por eso os pongo al principio que el pincel es opcional, al principio lo utilizamos pero al cabo de un rato ya no tenía sentido.


Ana llegó de su extraescolar y vio los restos de la estampación así que a la mañana siguiente volvimos a montar el tinglado. Ana ya es más autónoma y, aunque he sido yo quien ha recortado las piezas de patata, ella ha hecho el resto del trabajo. ¡Queda genial!

Como escribió Happy Halloween al lado de un par de las calabazas lo recorté a modo de tarjetón. Es muy buena idea para utilizarlo como invitaciones para una fiesta de Halloween ¿verdad?.

Aprovechad estos días de puente y haced esta manualidad con niños. Es muy fácil y se pasa un rato muy diver (con un punto de tensión por aquello de que no manchen más de lo necesario). Además, cuanto más imperfectas más auténticas.


Y quiero terminar este post con la calabaza más guapa de la mañana. Me encanta cuando Ana improvisa y se sale de lo establecido (a mi no se me habría pasado por la cabeza haber dibujado este tocado de corazones tan femenino). En esta ocasión la he recortado y la guardo en nuestro Project Life junto con las fotos de mis niños disfrazados.

See you later alligator!




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