martes, 14 de febrero de 2017

Palabras de sirena

Desde hace unos meses ronda en mi cabeza la idea de hacer manualidades partiendo de los libros que más nos gustan en casa. Aprovechando esta racha de fines de semana lluviosos pensé que era una buena oportunidad para ver qué tal salía el experimento.

Para no imponer mis gustos le dije a Ana que eligiese ella un libro que le gustase mucho y que haríamos alguna actividad con él. Me encantó ver que se decidía por Palabras de sirena, un libro escrito por Mia Cassany Biosca e ilustrado por Esther Gili.

Ana y yo admiramos muchísimo a Esther, desde que tenemos láminas suyas en casa (Pájaros en la cabeza entre ellas ¡yeah!) mi hija cree que todas las ilustraciones que publica en Instagram pueden ser nuestras, como si ya no tuviese yo suficiente necesidad de tenerlas todas.

El caso es que volvimos a leer el libro y se nos ocurrió imitar los peces que aparecen en las guardas con nuestras acuarelas.


La idea, como siempre, es muy sencilla pero el resultado ¡es muy colorido y decorativo!

Aquí tenéis los materiales que utilizamos: lápiz y un papel que soporte bien el agua, acuarelas, pinceles y tijeras. Nosotras también aprovechamos el líquido enmascarador que ya utilizamos en una manualidad anterior y un plastidecor negro que le dio el toque final a nuestros pececillos.

Lo primero que hicimos fue dibujar los peces, Ana me iba indicando cuales debía dibujar... alargados, gorditos, etc... ella les fue poniendo los ojitos.

Os puede sonar muy idílico y dulce pero Ana es una capataz muy exigente y me hizo borrar y corregir más de una silueta. 


El líquido enmascarador sólo lo utilizamos en unos pocos dibujos, de esta parte no tenemos fotos porque Dani se apuntó a la actividad y no tenía manos para controlarlo todo.

De todas maneras, en la siguiente foto se ve muy bien donde lo pusimos porque la acuarela no penetra sobre la pincelada del líquido y ésta se ve más clarita.


Dani empezó a trabajar con témpera prácticamente en seco y sin mezclar, estaba muy concentrado y no paraba de pedir nuevos peces para colorear ¡oto pé mamá, oto pé!


Luego observó a su hermana y se dio cuenta que el mundo acuarela era mucho más emocionante, eso de mojar el pincel en agua y mezclar colores era lo más. Llegados a este punto puse el libro a buen recaudo, corría peligro y los chicos estaban más que inspirados.


Utilizamos más técnicas esa tarde. Por ejemplo, la de "salpicar con el pincel bien cargadito de agua", para lo cual aconsejo ropa manchable porque la salpicadura nunca toma la dirección que esperas.

Nos pusimos perdidos pero hay que reconocer que el resultado es bien molón.


Otro sistema fue el de la témpera con purpurina incluida. No sé si habéis visto alguna vez esos botes de pintura pero son tan tornasolados, tan purpurinosos... yo no me pude resistir y me compré uno estas navidades. Tengo como medio litro de ese azul con brillos verdosos pero le sacaremos partido.


Ya sólo quedaba esperar a que secasen las obras de arte, retirar la máscara y recortar.

Aquí es donde nos vino un poco de bajón. Los peces recortados perdían mucho encanto, no tenían vida. Simplemente eran formas de colores sin más.


Entonces se me ocurrió coger una de las ceras del estuche de Ana y repasar los contornos en color negro ¡en seguida cambió la cosa!, entonces me vine arriba y fui dibujando trazos aquí y allá para que las aletas tuviesen más gracia. A los chicos les encantó.


¡Mirad qué banco de peces más bonitos nos quedó!. Tan solo tuvimos que disponer los peces sobre una cartulina azul oscuro. Tiene un punto tropical chulísimo.

Si os fijáis, al final del libro, Vilma (la protagonista del libro) tiene un móvil de peces decorando su habitación. Nos hemos planteado hacerlo, si finalmente lo llevamos a cabo actualizaré este pots para que lo veáis.


De momento este pez tan grande me lo quedo de marcapáginas. Me gusta especialmente porque fue el último que hicimos y nos volvimos locas metiendo color. De todo ese descontrol quedó este espécimen tan particular.


Antes de despedirnos por hoy os dejo con un dibujo de Ana ¿qué creíais, que no dibujaría una sirena?. Ésta en concreto la dibujó en cuanto leyó por primera vez Palabras de sirena (aunque la versión de Ana tiene una clara influencia de la Sirenita de Disney, ese tenedor-peine en la mano la delata).

Fue bonito ver como rescató ese dibujo y puso a nadar alrededor a los nuevos peces.


Espero que os haya gustado el post. Me ilusiona que, esta idea de basar una manualidad en un libro que nos gusta, se convierta en una nueva sección del blog.

¿Se os ha venido algún buen libro a la cabeza? ¿Conocíais Palabras de Sirena?

Soy toda oídos, mientras tanto...
See you later alligator!

domingo, 29 de enero de 2017

Muñecos de nieve, una manualidad invernal.

Estamos en invierno y ¡oh sorpresa! hace frío e incluso nieva. Aún no entiendo como nos volvemos tan locos con estos fenómenos ¡estamos en enero!, no se habla de otra cosa.

El caso es que por nuestro barrio no nieva y aún no hemos podido subir a la montaña pero, cuando el otro día vino LittleD de su escuela con un muñeco de nieve hecho de discos desmaquillantes y bastoncillos para los oídos, a mi hija y a mi se nos hicieron los ojos chiribitas ¡nos encantó la idea!.


La primera tarde que tuvimos algo de margen nos pusimos manos a la obra, aunque los bastoncillos y los discos ya los había reservado Ana desde el día que vimos la idea.

A mi me encanta ese remate que tienen los discos (como un cosido), le da un toque muy gracioso.


La gracia del asunto es que, con una cartulina donde pegar un par de discos de celulosa y un bastoncillo partido por la mitad ya tienes una estupenda base. Luego ya lo puedes personalizar como quieras.


En nuestro caso sacamos el arsenal: purpurina para la nieve, cuentas de collar para ojos y botones, lana para la boca y bufanda, fieltro para gorros, naríz y otros complementos.


Dani, como veterano en la materia, pasó de la manualidad y se dedicó a hacer trenes de bastoncillos.

Esta vez pude hacer fotos del proceso ¡bien! así que ahí tenéis a mi chica. Poniendo cola en los discos y pegando unos sobre otro. Luego, con cuidado, cortó el bastoncillo por la mitad.


Una vez pegados los brazos de bastoncillo llegó la hora de decorar. Ana fue cogiendo cuentas a su gusto para los ojos y los botones. Primero los colocó sin pegamento hasta quedar contenta con la composición, una vez decidido el diseño fue mojando las cuentas en el pegamento y colocándolas de nuevo.


Como veis, la nariz es sólo un triángulo de fieltro naranja que hace las veces de zanahoria. Y la boca es un cabo muy cortito de lana negra.

Las dos íbamos aportando ideas sobre la marcha para que el muñeco quedase más completo.

Una de las bufandas la hicimos de fieltro, las otras trenzando lana. Ana no sabe hacerlas pero yo la iba dirigiendo: el cabo de la derecha al centro, el cabo de la izquierda al centro... ella se emocionó mucho cuando empezó a ver que la trenza iba tomando forma.


LittleAna quería recortar el fieltro pero se frustró bastante así que acabé por encargarme yo de ese asunto, eso sí, siguiendo sus instrucciones al pie de la letra. Por lo demás todo ella, cada una iba haciendo su muñeco.

Cuando terminamos de vestirlos nos vinimos arriba. Faltaba la nieve del suelo ¡así que extendimos un buen chorrete de pegamento en la cartulina y fuimos pegando algodón que íbamos pellizando para que quedase más mullido.


A la izquierda tenéis a Ana pegando algodón y a la derecha cómo quedaron mis dedos.
La foto me la hizo Ana que ya se había lavado las manos.

Por último, un toque de glamour, hicimos copos de purpurina. Yo fui dispersando gotitas de cola blanca por la cartulina y Ana esparció la purpurina por encima. Esperamos un poco para que se secasen y volcamos la cartulina para que cayese el sobrante.

El salón se puso perdido pero ¿y lo bien que nos quedó?.



¿Qué os parece? A mi me encantan y, si hubiese visto esta idea antes habrían sido unas estupendas tarjetas para felicitar las Navidades.

Nosotras pasamos muy buena tarde, espero que lo pongáis en práctica y os lo paséis igual de bien.
See you later alligator!

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Calendario de adviento o el regreso de los rollos de papel higiénico


¡Mañana estrenamos nuevo calendario de adviento! Este año nos hemos complicado un poquito más la existencia (Ana se ha implicado muchísimo, es una curranta campeona) pero el resultado ha merecido la pena.

Una vez más la idea la saqué de Pinterest y en cuanto se lo enseñé a mi colega de faena se emocionó tanto como yo ¡cómo mola mi chica!. Quería empezar en ese mismo momento y eso hicimos.

Día 1

Llevábamos un montón de tiempo recopilando rollos de papel higiénico sin una idea concreta ¡y ¿sabéis qué?! pues que teníamos exactamente 22 + 2 de papel de cocina (y estos últimos, cortados por la mitad, dan como dos de higiénico) ¡yuhu! ya teníamos los 24 rollos que necesitábamos.

Por cierto, este momento frikis-del-rollo es doblemente placentero... uno: teníamos todos los que necesitábamos y dos: ¡ya no tenemos un montón de rollos metidos en el armario!.


Dispusimos todo el material formando un círculo sobre una caja de cartón para tomar la medida de la corona navideña. Costaba mucho recortarla así que me encargué mientras mis hijos me animaban, qué majetes.

Día 2

Sacamos los pinceles, pintura acrílica verde bosque y en un periquete lo teníamos coloreado.



Día 3

Compré papel crespón que recorté en rectángulos con el tamaño suficiente como para envolver un rollo con sobrante en los extremos para hacer las veces de caramelo.

En cuanto Ana vio en qué consistía la cosa se puso a envolver mano a mano conmigo así que lo terminamos en un momento.



Llegó el momento de rellenar los rollos... antes de cerrarlos por completo metimos una servilleta de papel arrugada y un par de chuches para cada día (una para Ana y otra para Dani).



Para que no se escapen las chucherías (y evitar discretas tentaciones) hicimos un lacito a cada lado con cordón.



Ahí tenéis la mano de Dani birlando gominolas del set de fotografía (que, por cierto, en este caso es el suelo de nuestra cocina con una cartulina blanca).

 

Es una manualidad muy trabajosa porque todo se multiplica por veinticuatro, esa es la pila que nos quedaba por anudar (¡cada extremo!).

 

Estoy especialmente orgullosa de mi chica porque, con la mejor intención, quise ahorrarle alguno de los pasos para que no se aburriese: envolver todos esos rollos, meter las chuches, anudar los lacitos... pues ella estaba encantada de hacerlo todo, incluso se enfadaba si yo sugería ir adelantando trabajo.


Día 4

Ya faltaba menos... esta tarde, en cuanto Ana ha llegado del cole le he dado estas pegatinas (muy apropiadas para la ocasión) y ha ido poniendo los números del 1 al 24 con rotuladores permanentes de colores.



Después hemos colocados los rollos alternando los colores: morado, rosa, menta y amarillo para colocar las pegatinas en orden y que la corona quede equilibrada.




¡Ahí lo podéis ver, es muchísimo trabajo! Ha sido difícil contener a Dani... todos esos caramelitos falsos rellenos de chuches de verdad dispuestos por el suelo eran demasiado jugosos para no lanzarse en plancha.

Y aquí mi momento, este paso he preferido hacerlo yo sola (he acabado agotada de frenar a Dani para que no se lo comiese todo). Pegar los rollos en orden con silicona ha sido genial ¡se quedaban adheridos al instante!.



Por favor, valorad como se merece a esta foto insulsa... la he tenido que hacer con la mano izquierda mientras sujetaba la pistola con la derecha y procuraba que el encuadre quedase decente.

¡Y fin! Nosotras estamos muy satisfechas con nuestro su calendario de adviento. Ha sido una labor de auténtico trabajo en equipo y con un resultado muy vistoso ¿qué os parece?.



Supongo que os cuento todo esto con poco margen para llevarlo a cabo ¡pero tomad nota para el próximo año o para otro tipo de "cuenta atrás", al fin y al cabo eso es un calendario de adviento!.

De todas maneras, si os apetece hacer un calendario express aquí tenéis el que hicimos el año pasado ¡mucho más fácil e igual de decorativo!.

See you later alligator!

lunes, 31 de octubre de 2016

Calabazas de halloween - DiY estampar con patatas



Parece mentira pero ¡este es nuestro tercer Halloween pasándolo pipa! y sí, traemos manualidad. Desde verano no pasaba por aquí, así que las telarañas del blog no las quito, que quedan muy apañadas para estas fechas.

Como casi todo lo que hacemos aquí, esta actividad ha sido fruto de la improvisación. Aprovechando que Ana tenía extraescolar y que LittleD y yo teníamos un par de horas para nosotros, practicamos un poco de estampación con patata.

Ya veis que se necesita poca cosa: una patata, un cuchillo, pincel (opcional), temperas,  una bandeja para mezclar colores y papel.


Mientras Dani merendaba preparé la patata. La corté por la mitad, de tal forma que obtuve dos óvalos: uno para la forma de la calabaza y otro para "tallar" la forma de la boca y un triángulo para los ojos.


Como la patata está húmeda la dejé un rato en papel de cocina, para que no aguase la tempera. Mientras tanto puse los colores de tempera en la bandeja para que Dani los mezclase.

Y bueno... tengo que decir que estoy acostumbrada a trabajar con Ana y no recordaba lo que era hacer este tipo de cosas con un niño de dos años y medio. Mi chico se emocionó, se lió a estampar a su aire, pintaba la patata y aporreaba el papel a la voz de ¡otoooño, otoooño!. Fue muy divertido.


Aquí le tenéis, orgulloso... observando su obra del ¡otoooño, otoooño! y, si, en la mano tiene la marca de los piños de algún caminante de la escuela.


Después de dejarle un rato a su aire conseguí domar a la fiera y logramos estampar juntos unas cuantas calabazas (vamos que le sujeté la mano y le decía ¡aprieta fuerte!).

Para completarlas le pasé unas ceras de color verde con la intención de que dibujase los rabitos y, bueno, así fue como quedó ¡a mi me encantan!


Así acabaron nuestras manos. Por eso os pongo al principio que el pincel es opcional, al principio lo utilizamos pero al cabo de un rato ya no tenía sentido.


Ana llegó de su extraescolar y vio los restos de la estampación así que a la mañana siguiente volvimos a montar el tinglado. Ana ya es más autónoma y, aunque he sido yo quien ha recortado las piezas de patata, ella ha hecho el resto del trabajo. ¡Queda genial!

Como escribió Happy Halloween al lado de un par de las calabazas lo recorté a modo de tarjetón. Es muy buena idea para utilizarlo como invitaciones para una fiesta de Halloween ¿verdad?.

Aprovechad estos días de puente y haced esta manualidad con niños. Es muy fácil y se pasa un rato muy diver (con un punto de tensión por aquello de que no manchen más de lo necesario). Además, cuanto más imperfectas más auténticas.


Y quiero terminar este post con la calabaza más guapa de la mañana. Me encanta cuando Ana improvisa y se sale de lo establecido (a mi no se me habría pasado por la cabeza haber dibujado este tocado de corazones tan femenino). En esta ocasión la he recortado y la guardo en nuestro Project Life junto con las fotos de mis niños disfrazados.

See you later alligator!




martes, 26 de julio de 2016

Raspa de pajitas



¡Hola, qué tal el verano! ¿Cuántas veces os habéis quejado ya del calor que hace?. Yo aquí ando con mis Little, en plan reality... conviviendo 24h a pelo, sin campamentos ¡a la antigua usanza!.

Afortunadamente tenemos almas caritativas (amigos y familiares de los buenos) que nos invitan a la pisci, fiestas del pueblo y demás eventos refrescantes.

Pero en las horas centrales del día, en las que tampoco es lo suyo cocerte en la pisci cual garbanzo, tiramos de imaginación o, en este caso, de Pinterest para echar mano del cajón (los cajones) de manualidades y pasarlo pipa.

Hoy os traemos una manualidad que hice con LittleD una de estas tardes que Ana se escapa a casa de una amiga. La idea la sacamos de aquí y la hicimos a nuestro estilo:

Dani tiene dos años y medio así que saqué cartulina y unas ceras para que fuese dándoles su toque. Al cabo de un rato él consideró que la obra de arte estaba lista para el siguiente paso recorté dos cuatro formas: dos para la cabeza del pescado y otras dos para la cola.



Llegó la hora de la raspa, para ello utilizamos pajitas (cañitas, popotes... como lo llaméis vosotros, para más información os recomiendo este post de Remorada).

Después del control de calidad de LittleD a base de morderlas y aplastarlas cogí otras nuevas y me puse a recortarlas hasta conseguir darles forma de raspa.


Para separarlas unas de otras les cogimos prestadas a LittleA unas cuentas de collar que le daban un toque muy veraniego a la manualidad.

Para perforar las pajitas utilicé la aguja de un compás y con un cordel fui ensartando cuentas y pajitas alternas. Dani es muy pequeño para esto así que él me iba dando las cuentas y las pajitas por orden, tal como las había dejado yo dispuestas en la mesa.

Del proceso no hay fotos porque tenía la paranoia de que Dani se metiese en la boca alguna cuenta y no quería quitarle ojo de encima pero todo fue sobre ruedas.



Una vez lista la raspa ya solo quedaba dejar sobrante de cordel para pegar la cola y la cabeza.

Para los morritos del pez corté una especie de corazón de cartulina verde, al pegar el pico entre las dos piezas que hacen de cara quedaba al descubierto la boquita. Y por último, para el ojo, utilizamos un pompón blanco.


¡Y listo!, Dani flipó cuando comprendió que el rato que habíamos pasado entre papeles, bolitas y demás había dado como resultado un pez. ¡Nos quedó un móvil fardón y veraniego! ¿Qué os parece?

Espero que os haya gustado ¡os deseo felices vacaciones y que comáis mucho pescadito rico!
See you later alligator!



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